Boletin de JHISN 26/06/2021

Queridos amigos:

Con ustedes, damos la bienvenida a la llegada del verano con su promesa de calor y sombra que nos darán los árboles, de tertulias compartidas que hace un año parecían imposible de llevarse a cabo. La comida va a estar en el centro de muchas de nuestras renovadas reuniones este verano, y precisamente el boletín de esta semana hace una mirada profunda a la intersección de la política alimentaria y los derechos de los inmigrantes. Desde los trabajadores agrícolas hasta los trabajadores de restaurantes y vendedores ambulantes, vemos que la mano de obra inmigrante es una enorme fuerza que interviene en la siembra, cosecha y producción de nuestros alimentos. Hoy hablaremos de un sector de esa mano de obra esencial: las decenas de miles de trabajadores que reparten alimentos en la ciudad de Nueva York.

Haciendo justicia: los repartidores inmigrantes en lucha

‘La amarga verdad es que muchos trabajadores de reparto de alimentos pueden trabajar 12 horas al día, en el frío o en la lluvia para varias aplicaciones de repartición de alimentos, y aún así no ganar lo suficiente para alimentar a sus propias familias’. –Los Deliveristas Unidos

Los repartidores de los restaurantes ayudaron a mantener la vida en Nueva York durante los peores días de la pandemia. Se les reconoce y celebra como “héroes” y como “esenciales”. A pesar de ello, cada vez que aceptamos una entrega de comida en la puerta de nuestra casa, estamos interactuando con una de las fuerzas laborales más explotadas de la ciudad, donde casi todos son inmigrantes y casi todos son personas de color

Durante años, los trabajadores de reparto han luchado por justicia laboral contra sus empleadores y un gobierno municipal insensible; decididos siempre a mejorar sus salarios y condiciones laborales inaceptables. Ahora estas escaramuzas se están convirtiendo en una verdadera lucha, porque los trabajadores de reparto ganaron aliados y avanzan hacia un nuevo nivel de o lolunidad y organización.

La distribución de comida en los EEUU es una industria muy extendida y valorada en decenas de miles de millones de dólares. Y la ciudad de Nueva York es su epicentro. Hace solo unos años, la entrega de comida a domicilio en Nueva York la realizaban principalmente los restaurantes de forma individual, generalmente pagando a inmigrantes indocumentados por “debajo de la mesa”. En varias partes de la ciudad, este viejo modelo aún continúa; muchos repartidores trabajan hasta 16 horas al día, por unos pocos dólares la hora y sin horas extras.

Sin embargo, la llegada de aplicaciones de entrega de comida como UberEats, Seamless / Grubhub y DoorDash, transformó rápidamente la industria. Las aplicaciones contratan personas como “contratistas independientes”; ellos tienen que proporcionar sus números de seguro social y dar exámenes de inglés básico. 

Cuando Covid-19 cerró gran parte de nuestra economía, el desempleo y la demanda de entrega de comida se dispararon, al igual que el trabajo de distribución de comida por las “aplicaciones”. Antes de la pandemia, Nueva York tenía aproximadamente 50.000 personas que trabajaban para las aplicaciones. Después de un año, que finalizó en marzo, solo UberEats agregó 36,000 “repartidores” locales. Otras aplicaciones tuvieron un crecimiento exponencial similar.

Los servicios de estas aplicaciones han hecho evolucionar de tal manera el antiguo modelo de entrega de comida; pero lo que no ha cambiado es la implacable opresión que sufren los repartidores, principalmente inmigrantes de América Latina y Asia. Tanto es así, que los trabajadores de las aplicaciones están mal pagados y no cuentan con beneficios. Trabajan muchas horas, incluso cuando hay mal tiempo. Ellos compran sus propias bicicletas eléctricas que cuestan más de $ 2,000, y también pagan por las baterías, el estacionamiento y sus accesorios. Su trabajo es peligroso, no solo por el tráfico, sino porque los repartidores a menudo son asaltados y robados. Existe también una larga historia de robo de propinas y salarios por parte de restaurantes y por las aplicaciones. Pero eso no es todo, los repartidores son objeto de racismo y falta de respeto: se les niega el uso de los baños (lo que afecta especialmente a las trabajadoras), son hostilizados por la policía, se les obliga a utilizar las “puertas de los pobres”, se les insulta en las calles. Refiriéndose a los restaurantes que no permiten el uso de sus baños, uno de los repartidores, Williams Sian comenta: “Somos los que impulsan sus ingresos en este momento, pero …nos tratan como insectos“.

Nueva York ha sido testigo de una serie de luchas por parte de los repartidores y sus aliados para combatir tales abusos en los últimos años. Cuando el alcalde de Blasio y el NYPD comenzaron a multar a los ciclistas eléctricos y confiscar miles de bicicletas en el 2017-18, grupos comunitarios como Make the Road y Chinese Mutual Association ayudaron a presionar para que retrocedieran. Además, la indignación generalizada del público por el robo de propinas en las tarjetas de crédito por parte de los restaurantes y las aplicaciones obligó a algunas de las grandes empresas a mejorar sus políticas. (Grubhub, Seamless, UberEats, Postmates, Caviar y DoorDash ahora prometen que el 100% de las propinas de los clientes irán a los trabajadores).

Cuando la pandemia nos golpeó fuertemente y miles de trabajadores de restaurantes despedidos comenzaron a trabajar para las aplicaciones como repartidores, el grupo de Justice Workers Project, que ya se había estado reuniendo con los repartidores, decidió organizar Los Deliveristas Unidos (LDU). Pronto surgieron los líderes desde los trabajadores para dirigir el colectivo de LDU. Muchos de sus miembros fundadores son indígenas guatemaltecos o mexicanos. Y sus demandas son muy simples:

  1. El derecho a usar los baños de los restaurantes
  2. Un salario digno y pago por riesgo laboral
  3. Protección contra robos de bicicletas, robo de salarios, de su salud y su seguridad
  4. Un lugar para comer, descansar y protegerse del mal tiempo
  5. El derecho a organizarse

El otoño pasado, Los deliveristas realizaron una serie de manifestaciones y obtuvieron una amplia cobertura de la prensa sobre sus problemas. En octubre pasado, unos 800 deliveristas se manifestaron en el bajo Manhattan. Ahora en abril, miles de repartidores con bicicletas eléctricas atascaron el tráfico cerca del Municipio en una protesta donde exigieron justicia por parte del alcalde. El 8 de junio, los deliveristas se manifestaron en apoyo de seis proyectos de ley presentados al Concejo Municipal por los aliados de LDU. SEIU Local 32BJ, uno de los sindicatos más grandes de la ciudad, ha estado apoyando activamente a LDU, al igual que el Contralor saliente Scott Stringer. Al parecer, el movimiento de deliveristas está emergiendo rápidamente como una poderosa fuerza que lucha por justicia para los trabajadores inmigrantes en Nueva York.

¿QUÉ PODEMOS HACER?

  • De una buena propina y en efectivo, a menos que esté seguro de que el repartidor recibirá la propina completa de la tarjeta de crédito. 
  • Done a Workers Justice Project / Los Deliveristas Unidos
  • Apoye el paquete legislativo presentado al Concejo Municipal de Nueva York para asegurar la protección de los repartidores y la justicia económica. 

En solidaridad y cuidado colectivo,

Jackson Heights Immigrant Solidarity Network (JHISN)

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