Boletin de JHISN 07/08/2021

Queridos amigos, 

Un caluroso saludo a fines del verano a todos nuestros generosos lectores. Comenzamos con dos buenas noticias. El 29 de julio, el Concejo Municipal de NY finalmente aprobó una legislación que protegera a más de 300.000 trabajadoras del hogar en la ciudad de Nueva York, en su mayoría mujeres inmigrantes de color, de abusos en el lugar de trabajo. Y esta semana, la administración de Biden, bajo intensa presión de las organizaciones de base, extendió una moratoria del pago de alquiler relacionada con la pandemia en áreas con riesgo “sustancial” o ‘alto’ al COVID (incluidos los cinco condados de la ciudad de Nueva York). La prórroga de dos meses aplaza la amenaza de desalojo de 11 millones de personas en todo el país. En el centro de Queens, miles de hogares de inmigrantes pueden por ahora, respirar más tranquilos.

El boletín de esta semana incluye un artículo detallado sobre la historia de la violencia racista contra los asiáticos en los EEUU. A pesar de que la atención de los medios es muy tenue, los ataques contra personas de ascendencia asiática continúan. JHISN se une al llamado colectivo de #StopAsianHate.

Odio anti-asiático: raíces y resistencia

Desde que la primera ola de inmigrantes chinos llegó a los Estados Unidos en la década de 1850, no ha habido un solo día en que los asiáticos no hayan experimentado el racismo institucional, y personal directamente. Pero más allá de este nivel básico de falta de respeto y discriminación sistémica por parte de los blancos, la historia de Estados Unidos ha sido testigo periódicamente, de olas particularmente intensas de odio racial contra los asiáticos y asiático-americanos. Vivimos actualmente en una época así.

Se han reportado más de 6.600 ataques contra estadounidenses de origen asiático, y de las islas del Pacífico (AAPI) desde el comienzo de la pandemia del COVID-19. Pero la mayoría de los ataques no se informan. Prácticamente todas las familias asiáticas en los EEUU han sido objeto de abuso verbal o algo peor. De los incidentes informados, la mayoría estuvieron dirigidos contra las mujeres. La ola actual de odio es nacional, pero se concentra aquí, en la ciudad de Nueva York. Según un informe de julio de la policía de Nueva York, este año los delitos de odio contra los asiáticos en la ciudad aumentaron en un 400 por ciento desde el año 2020. Queens, con su gran población asiática, es un semillero de estos incidentes racistas. El precinto 109, que incluye la mayor parte de Flushing, tiene el segundo numero mayor de informes en la ciudad, después del barrio chino de Manhattan.

Las estadísticas son brutales; los videos virales de ataques callejeros son horribles. Pero para la gente de AAPI y aquellos que se solidarizan con ellos, el desafío es ir más allá de lo superficial de los lemas “anti-odio”, aunque bien intencionados. ¿Cómo enfrentar las profundas raíces sociales del racismo y la violencia anti-asiática en este país y encontrar soluciones basadas en la construcción de un poder comunitario en lugar de incrementar la invasiva vigilancia policial y el trauma de la prisión?

Los asiáticos constituyen alrededor del sesenta por ciento de la población mundial, y residen en unos cincuenta países, en los cuales tienen interrelaciones prolongadas y, a veces, conflictivas. Los inmigrantes asiáticos traen consigo una amplia y valiosa gama de historias, culturas, religiones e idiomas. Pero estas complejas realidades significan muy poco para muchos norteamericanos.

Introducidos en la maquinaria de la supremacía blanca, los asiáticos y los asiático-americanos emergen re-etiquetados como una serie de identidades estereotipadas que pueden encajar en la jerarquía racial de Estados Unidos. En respuesta, los estadounidenses de origen asiático están luchando por construir una unidad funcional y respetuosa, una unidad que reconoce las diferentes identidades nacionales, repudia los estereotipos racistas y promueve la autodefensa y el poder mutuo. 

A mediados del siglo XIX, cuando Estados Unidos consolidó su control sobre las tierras robadas en Occidente y los fideicomisos financieros sentaron las bases del poder monopólico, el capital blanco trató a los asiáticos como trabajadores explotables y descartables. Los trabajadores chinos construyeron el Ferrocarril Transcontinental, trabajando en condiciones abusivas e increíblemente peligrosas. Asimismo, el arduo y encorvado trabajo de los filipinos ayudó a convertir a California en una potencia agrícola. 

 En la actualidad, en cambio, a los estadounidenses de origen asiático a menudo los presentan como una “casi blanca” minoría modelo, que “demuestra” que hay muchas oportunidades para todos en los Estados Unidos. Entonces, si los negros u otras personas de color no tienen éxito, es por su culpa. Esto es pura mitología, no solo porque muchos asiáticos continúan siendo explotados en el extremo inferior del mercado laboral, tales como en trabajos de cocina y reparto en restaurantes, trabajo doméstico, trabajo sexual, salones de masaje y manicure, cuidados de atención domiciliaria, talleres de explotación industrial, etc., sino también porque incluso los Asiaticos estadounidenses “exitosos” sufren de una rutinaria discriminación y agresión de los blancos, tal como lo describen vívidamente escritores como Cathy Park Hong y Viet Thanh Nguyen. En consecuencia, los estadounidenses de origen asiático de todas las clases sociales enfrentan abusos y amenazas de violencia racista, ya sea al azar u organizada. 

El mito de la “minoría modelo” también puede ser peligroso. Para los asiáticos que lo aceptan, esto promueve el racismo contra la raza negra, abriendo una brecha entre afroamericanos y asiáticos, y haciendo a ambos más vulnerables al poder blanco y a la violencia blanca en beneficio de la hegemonía blanca.

Es posible que a los asiáticos se les hayan asignado diferentes funciones dentro de la jerarquía racial de los Estados Unidos a lo largo del tiempo. Pero de todos los roles asignados a los asiático-americanos por la estructura del poder blanco, uno ha sido consistente a lo largo de los años: el de Chivo expiatorio.

  • Los trabajadores chinos fueron acusados por los salarios bajos a finales del siglo XIX.  El uso de chivos expiatorios por parte de los trabajadores blancos en California provocó numerosos disturbios, masacres y la aprobación de la Ley de Exclusión China en 1882. Los sindicatos de trabajadores blancos que estaban surgiendo por primera vez en ese momento utilizaron el racismo antichino como una forma de unificar y organizar a los miembros sindicales blancos. La etiqueta sindical … fue inventada como un certificado en los puros, indicando que habían sido fabricados por trabajadores blancos, como parte de una campaña para expulsar a los chinos de la industria de la fabricación de puros.”-Berlet & Lyons, Populismo de derecha en Estados Unidos: demasiado cerca para la comodidad]
  • Los estadounidenses de origen chino fueron el chivo expiatorio de la peste bubónica de 1900-1904. La policía de San Francisco rodeó los vecindarios chinos con alambre de púas, negándose a permitir que los residentes salieran, mientras las autoridades blancas incendiaron las casas “infectadas”.
  • Los estadounidenses de origen japonés fueron el chivo expiatorio por el ataque de Pearl Harbor. Aproximadamente 120.000 personas, en su mayoría ciudadanos, de estos la mitad eran niños, fueron transportados a punta de pistola a desolados campos de concentración, donde permanecieron encarcelados hasta por cuatro años. Sus pertenencias personales, propiedades, negocios y granjas fueron compradas a precios de ganga por los especuladores, o simplemente confiscadas por vecinos inescrupulosos.
  • Se culpó a los refugiados del sudeste asiático por la derrota de Estados Unidos en Vietnam, incluso cuando ellos habían luchado juntos por Estados Unidos. En 1979-81, el Ku Klux Klan lanzó violentos ataques contra los pescadores vietnamitas en Texas, abriendo un nuevo frente de guerra de los supremacistas blancos.
  • Los estadounidenses de origen japonés fueron el chivo expiatorio de la fuga del trabajo manufacturero de Estados Unidos en los años setenta y ochenta. Una expresión extrema de este sentimiento fue el asesinato de Vincent Chin, un estadounidense de origen chino, en 1982. “La industria automotriz japonesa había comenzado a florecer entonces … [y] Ronald Ebens y su hijastro Michael Nitz habían confundido a Chin con un japonés, culpándolo por la pérdida de trabajos en los Estados Unidos. “Es por ustedes, pequeños hijos de p.., que nos hemos quedado sin trabajo”, escucharon los testigos decir a Ebens. Chin murió cuatro días después “ Huffington Post (junio del 2017)
  • Los musulmanes asiáticos fueron el chivo expiatorio del 11 de septiembre: “A raíz de los ataques terroristas del 11 de septiembre del 2001, los estadounidenses de ascendencia del sur de Asia y el Medio Oriente, incluidos los musulmanes y aquellos percibidos como musulmanes como los sijs y los hindúes, enfrentaron discriminación racial: crímenes de odio y discriminación. Todos estos grupos fueron utilizados como chivos expiatorios de los ataques terroristas … Un ejemplo de la violencia que enfrentaron estos grupos, es la muerte de Balbir Singh Sodhi. El era un estadounidense sij de la India, a  quien un hombre blanco le disparó días después del 11 de septiembre porque pensaba que era musulmán”. –Theskimm.com

Y ahora tenemos el coronavirus. A lo que Trump llama el “virus de China” y el “Kung flu“. En el fondo, la creciente rivalidad de Estados Unidos frente a China despierta peligrosas pasiones nacionalistas. A los asesinados trabajadores de los salones de masajes, se les culpa por la “adicción al sexo” de los hombres blancos, al igual que las mujeres asiáticas fueron acusadas de “desviación sexual” en la década de 1870. Una vez más, los migrantes asiáticos son rechazados o amenazados con la deportación. En estos tiempos peligrosos, es crucial reconocer la profunda naturaleza estructural de los chivos expiatorios anti-asiáticos en los EEUU y lo rápido que pueden crecer hasta alcanzar proporciones monstruosas.

Los estadounidenses de origen asiático están unidos por el dolor y la indignación, pero menos unidos sobre cómo dar una respuesta práctica o política. Muchas manifestaciones de “Alto Al Odio Asiático” se han llevado a cabo en todo el país, incluido Flushing, donde más de mil personas marcharon el 2 de mayo pasado. Se han establecido patrullas comunitarias en las calles aquí y en varias otras ciudades, mientras que los silbatos y alarmas son distribuidos por grupos sin fines de lucro. Tambien se ha notado un gran aumento en la venta de armas a los asiáticos. Pero nadie cree realmente, que estas acciones sean suficientes.

El año pasado, los asiáticos debatieron el rol de la policía para detener el abuso y la violencia. Muchos activistas progresistas se oponen a dar más recursos a la policía e insisten en apoyar plenamente a Black Lives Matter. Argumentan que las leyes contra delitos de odio amplían el sistema criminal y, a veces, se emplean para enjuiciar a los afroamericanos por “sesgo racial” contra los blancos, o incluso para fabricar “delitos de odio” contra la policía

Cuando la congresista local Grace Meng y la senadora Mazie Hirono presentaron un proyecto de ley en marzo destinado a amplificar la respuesta policial a los crímenes de odio de Covid-19, las organizaciones de base las rechazaron. Más de un centenar de grupos asiáticos y LGBTQ firmaron una declaración “rechazando la legislación contra delitos de odio que se basan en respuestas contra los negros, en respuestas basadas en las fuerzas policiales al reciente aumento de incidentes de odio racial contra los asiáticos”. El 20 de julio, Meng anunció que había obtenido $ 30 millones para ampliar las disposiciones de su Ley de delitos de odio COVID-19. Quizás en respuesta a las críticas al proyecto de ley, el nuevo financiamiento apoye a las organizaciones comunitarias que promueven “enfoques no penitenciarios para la resolución de conflictos”. 

Una profunda estrategia de una organización de base es enarbolada por CAAAV: Organizing Asian Communities, que es un grupo de inmigrantes de clase trabajadora, principalmente de China, Bangladesh y Corea. CAAAV, que se opuso al proyecto de ley de Meng / Hirono, ha defendido a los asiáticos en Nueva York durante décadas. Ellos se han convertido en abiertos defensores de la propuesta de dar seguridad a los asiáticos a través del poder de la comunidad, y la justicia transformadora. Actualmente, CAAAV se centra en la creación de sindicatos de inquilinos asiáticos en el barrio chino de Manhattan y en las viviendas públicas de Queens, donde trabajan en estrecha colaboración con aliados afroamericanos y latinos. También están construyendo un Proyecto Juvenil CAAAV. CAAAV es abolicionista: se opone a la aplicación de la penalidad a los delitos de odio. Como dice un organizador de la CAAAV , “No hay atajos a la seguridad. La única comunidad segura es la organizada”. 

En busca de soluciones efectivas, algunos activistas están estudiando una anterior ola de activismo asiático. A partir de la década de 1960, los radicales antiimperialistas Asiáticos inspirados en las Panteras Negras y Malcolm X fueron las primeras personas en usar el término “asiático-americano”. Trabajando en estrecha colaboración con grupos afroamericanos y chicanos, ellos fueron parte de las grandes y militantes huelgas estudiantiles del Frente de Liberación del Tercer Mundo de 1968-9 y de las formaciones de izquierdas de personas de color. Los activistas asiáticos establecieron centros comunitarios y clínicas y “servían a la gente” con programas de comida gratis. Lucharon contra la gentrificación de los vecindarios asiáticos de clase trabajadora, especialmente en la resistencia militante de una década al desalojo de ancianos filipinos y chinos que vivían en el Hotel Internacional en San Francisco. Esa generación de radicales asiático-americanos también se organizó dentro de sindicatos y organizaciones de mujeres y promovió el desarrollo de la cultura asiático-americana, incluida la literatura asiatico-americana.

Frente a la creciente violencia anti-asiática, las lecciones del pasado son indispensables. Cuando la historiadora Courtney Sato dice, “Este no es realmente un momento excepcional, de ninguna manera … Es realmente parte de una genealogía mucho más larga de violencia anti-asiática que se remonta al siglo XIX”. Por otro lado, muchas cosas son diferentes a la década de 1870 o a la de 1970. ¿Qué combinación de enfoques, que van desde la formación de coaliciones hasta las patrullas de autodefensa en las calles, las movilizaciones masivas, las intervenciones culturales y la organización de pacientes en la comunidad, puede construir el poder y defender mejor a las comunidades asiático-americanas de la más reciente encarnación del chivo expiatorio blanco? ¿Cómo construir solidaridad duradera que apoye a las organizaciones lideradas por Asiáticos americanos? Las respuestas se están inventando en la lucha ahora mismo.

¿QUÉ PODEMOS HACER?
  • Recibe el Entrenamiento del espectador o planee de antemano cómo intervenir con seguridad y eficacia en incidentes de odio utilizando la táctica de los Cinco D’s.
  • Visite el sitio web Stop AAPI Hate para obtener recursos y consejos de seguridad en 11 idiomas. Busque noticias sobre el próximo mitin #StopAsianHate en el barrio chino de Nueva York, co-organizado por la Federación Asiático-Americana.
  • Manténgase informado sobre el activismo de la AAPI visitando Movement Hub, que amplifica el trabajo de Adhikaar, CAAAV, DRUM y muchas otras organizaciones comunitarias progresistas.
  • Comparta el folleto, Cómo denunciar un crimen de odio, disponible en chino e inglés (más otros siete idiomas) y escrito para personas mayores asiáticas en Nueva York. 

En solidaridad y con cuidado colectivo,

Jackson Heights Immigrant Solidarity Network (JHISN)

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